Miércoles 18 de febrero de 2026
Dotaciones Antárticas 2025
Con la firme convicción de representar a la institución y al país en los lejanos parajes del Continente Blanco, la Armada de Chile cuenta con 22 marinos desplegados en las dos bases permanentes que tiene la Marina en el Territorio Chileno Antártico. Durante la presente temporada han debido enfrentar desafíos operativos, meteorológicos y también personales en uno de los entornos geográficos más complejos del mundo.
Desde 1947, con la inauguración de la Base “Capitán Arturo Prat”, la Armada de Chile ha sostenido una presencia continua e ininterrumpida en el Continente Blanco.
La consolidación de la soberanía nacional en los confines polares del planeta es la consecuencia de un esfuerzo país que nace con la primera expedición Antártica, compuesta por la Fragata “Iquique” y el Transporte “Angamos” bajo el mando del Comodoro Federico Guesalaga y quienes llegan a estos inhóspitos parajes con la misión de izar la bandera nacional 45 días después de su zarpe en Valparaíso, el 6 de febrero de 1947 con la inauguración de la Estación Meteorológica y Radiotelegráfica “Soberanía”.
Tras siete décadas, la Marina ha mantenido la custodia del extremo sur del país con una vocación que trasciende generaciones. Servir en la Antártica no es solo una tarea operativa: es una experiencia humana, un aprendizaje profundo sobre la resiliencia, la camaradería y el sentido de patria en su forma más esencial.
En el corazón de la comunidad antártica

Bajo el liderazgo del Capitán de Fragata LT Felipe Torres, la dotación N°39 de la Gobernación Marítima del Territorio Chileno Antártico se ha consolidado como uno de los núcleos esenciales de la comunidad instalada en el corazón de Isla
Rey Jorge. Ad portas de cumplir cuatro décadas de presencia en este estratégico enclave, once marinos —de distintas especialidades, edades y regiones del país— sostienen la presencia nacional en un entorno donde el hielo y el viento son parte del día a día.
Distante a más de 1.100 kilómetros de Punta Arenas, esta repartición inició sus operaciones con apenas tres personas en 1986. Hoy, esa cifra casi se cuadruplica, reflejando la versatilidad de las tareas que la Armada de Chile ha asumido en el Territorio Chileno Antártico: fiscalización de actividades marítimas, apoyo logístico a las bases científicas y presencia soberana en una zona donde la cooperación internacional convive con los desafíos del clima más extremo del planeta.
“Contrario a lo que uno imagina, la actividad en estas latitudes es constante y permanente”, comenta el Comandante Torres, quien junto a su dotación vivió casi un año de preparación en Valparaíso antes de arribar al Continente Blanco. “Sobre lo que significa vivir y trabajar aquí, es al compartir con quienes han dedicado años a esta labor y al escuchar a tantos que anhelan tener esta oportunidad, es cuando uno comprende realmente la magnitud del privilegio que representa desempeñarse en la Antártica. No se trata únicamente de un lugar geográfico, es una experiencia transformadora que marca profundamente tanto en lo personal como en lo profesional”.
La Gobernación Marítima del Territorio Chileno Antártico en Bahía Fildes es un punto de referencia para la comunidad antártica. Gran parte de sus tareas se entrelazan con el trabajo de bases de distintos países, con quienes comparten apoyo logístico y coordinación ante emergencias. “Nuestra interacción con las demás bases y programas antárticos abarca desde los aspectos protocolares y de representación hasta un apoyo operativo concreto en situaciones críticas. Un ejemplo reciente fue el sismo ocurrido en octubre con epicentro en el Paso Drake, ocasión en la que, como Autoridad Marítima chilena, asumimos la coordinación para difundir alertas y medidas de precaución a las distintas bases presentes en el área, contribuyendo activamente a la seguridad colectiva en un entorno caracterizado por su aislamiento y complejidad logística”, explica el Comandante.
El Oficial también destaca el activo intercambio con autoridades y representantes de programas antárticos de países como Uruguay, China y Corea, cuyas bases se encuentran en las proximidades de la jurisdicción de la Gobernación Marítima.
“Estas instancias constituyen espacios valiosos para proyectar la presencia de Chile en la región, explicar nuestra labor como país signatario del Sistema del Tratado Antártico y fortalecer la cooperación internacional. Al mismo tiempo, nos permiten aprender de las experiencias y capacidades operativas de otras naciones que enfrentan, al igual que nosotros, los desafíos de trabajar en condiciones extremas”, complementa.
En este enclave, donde la jornada comienza mucho antes de que el sol asome, la dotación convive con temperaturas bajo
cero, vientos de más de cien kilómetros por hora y una rutina marcada por la cooperación. “Nuestro trabajo comienza a las ocho de la mañana, con la distribución de tareas y labores de mantenimiento”, cuenta el Sargento Segundo L Danilo Flores, oriundo de la comuna de Tomé. “Lo más importante es mantener la disciplina y la buena convivencia. A pesar del aislamiento, siempre hay espacio para el humor y la camaradería. Lo que más disfruto es el almuerzo: el cocinero se esmera siempre en la preparación de una excelente comida, y ese momento compartido nos recuerda que somos un equipo”.
El Sargento Flores, electricista de cargo, asegura que la preparación previa fue clave para enfrentar las condiciones del aislamiento: “Realizamos cursos de ambientación en terrenos nevados y rescate en grietas, además de recibir equipamiento técnico para resistir el frío. Pero nada reemplaza la experiencia de vivirlo. Estar aquí es un acto de compromiso y convicción con la institución y con el país”.
La vida en Bahía Fildes también pone a prueba el componente emocional de sus dotaciones. El Cabo 1° cocinero Diego Bruna reconoce que “uno de los desafíos es la distancia familiar, pero representar a Chile en uno de los lugares más australes del planeta es un orgullo y una responsabilidad.
“Diría que la Antártica es inexpugnable: por su difícil acceso y por su durísimo clima al habitarla, pero es un privilegio estar en un sitio tan extremo, donde pocos llegan. Detrás de cada uno de nosotros hay una familia que sostiene este esfuerzo silencioso y ellos también forman parte de esta misión”.
Más allá de la rutina y el rigor, todos coinciden en que esta experiencia deja una huella imborrable. “Vivir esta experiencia profesional en la Antártica transforma profundamente la manera en que uno concibe su labor. Este entorno extremo enseña a valorar el trabajo en equipo, a fortalecer la resiliencia individual y colectiva, y a reafirmar el sentido de propósito
que inspira cada tarea. Al mismo tiempo, cada acción que llevamos a cabo, por simple que pueda parecer, representa un aporte concreto a la presencia soberana de Chile, proyectando nuestro compromiso con la paz, la cooperación y el desarrollo científico en el continente blanco”, concluye el Comandante Torres.
Base Prat: Tradición de soberanía
Más al sur, en la isla Greenwich, emerge una posición histórica que desde 1947 ha sostenido, año tras año, el compromiso antártico de la Armada de Chile. Es la Base “Capitán Arturo Prat”, la más antigua de las dependencias navales y de nuestro país en el territorio antártico, la cual este año recibió a la dotación número 75 de su historia.

“Cuando uno pisa este lugar por primera vez, siente el peso de los que estuvieron antes. Es una mezcla de respeto, gratitud y, por cierto, una tremenda responsabilidad de continuar el legado de aquellos seis valientes y abnegados marinos que fueron los chilenos pioneros en habitar de forma permanente estas gélidas tierras”, señala el Capitán de Corbeta OM Alfredo Carrasco, comandante de la Base, con más de tres décadas de servicio institucional. Bajo su mando, son diez los marinos que desarrollan una labor silenciosa y exigente: desde la observación meteorológica, control de tráfico marítimo y el apoyo a las misiones científicas, hasta la presencia soberana y el sostenimiento logístico de la vida en un territorio que recuerda, a diario, la fragilidad humana frente al entorno natural.
“Consolidar la cohesión del equipo en un lugar que nos enfrenta constantemente a los límites del aislamiento y del clima es un desafío permanente” explica el Oficial, quien antes de asumir esta destinación sirvió en unidades y reparticiones de la Primera y Segunda Zona Naval, tales como la fragata “Williams”, Dirección de Ingeniería de Sistemas Navales y el buque multipropósito “Sargento Aldea”. “Es un privilegio profesional, una experiencia inolvidable que deja huellas personales muy profundas. Tiene costos familiares, por cierto, pero también deja aprendizajes para toda la vida y una oportunidad única de haber servido a la patria en el continente que es reserva de la humanidad”, agrega el Oficial que es oriundo de la comuna de Río Bueno.
El Comandante de la Base destaca la interacción con el rompehielos AGB 46 “Almirante Viel” como uno de los principales hitos operativos de su año al mando. La Base Naval “Capitán Arturo Prat” tuvo la oportunidad de recibir apoyo logístico durante la primera comisión operativa y campaña de invierno en aguas antárticas de este Rompehielos. “Interoperar con el ‘Viel’ fue un tremendo orgullo. Haberlo visto llegar a Bahía Chile durante este año constituye un hecho histórico, el despliegue de todas sus capacidades en condiciones extremas y el apoyo logístico brindado a nuestra Base constituye una labor fundamental para mantener la presencia efectiva de carácter permanente en el Territorio Chileno Antártico. También fue importante en lo simbólico ya que su Comandante fue la autoridad que presidió la reinauguración del Museo que tenemos en nuestras instalaciones, que es un espacio que refleja la cultura marítima y antártica, más todo el esfuerzo operativo que ha efectuado nuestra institución para sellar a perpetuidad la presencia de nuestro país en este territorio”.
La inestabilidad meteorológica del territorio es un factor clave a considerar. Un elemento que ordena la actividad operativa en este aislado enclave nacional, pero que también pone a prueba las capacidades de su dotación. El Sargento 1° Miguel Reyes, subjefe de la Base y enfermero técnico en sumersión, comparte esa visión desde su rol operativo: “Nuestra principal tarea es que todo funcione en armonía. Cada integrante tiene una función esencial, y la coordinación es clave para sostener la vida en un lugar tan aislado. Somos once personas, de distintas edades y especialidades, y todos aportan desde su experiencia y su carácter”.
El Sargento Reyes, que ya ha servido en el Territorio Chileno Antártico en otras dos ocasiones, resume la experiencia como “una escuela de liderazgo y compañerismo, donde uno aprende a sacar lo mejor de uno y de los demás”.

Los avances en conectividad, a través de tecnologia satelital, han permitido que las dotaciones mantengan un vínculo constante con sus grupos familiares, reduciendo en parte la distancia emocional con los seres queridos. Aun así, la rutina diaria demanda disciplina, espíritu de cuerpo y un respeto profundo por la naturaleza circundante. “Ha mejorado mucho el bienestar de las dotaciones” agrega el Sargento Reyes, quien destaca la mejora de las capacidades de conexión que permiten hacer más llevadera la estadía y reforzar los vínculos. “Por ejemplo, alguien que quiere hacer la tarea con su hijo puede hacer una videollamada fluida y estar presente. Claro, es de manera remota, pero la vinculación no se rompe, no se interrumpe de manera tan abrupta como antes”.
Estas mejoras de conectividad también les ha permitido a los integrantes de la dotación efectuar charlas a través de videoconferencias a diferentes establecimientos educacionales del país y del extranjero, contribuyendo de esta forma a difundir el rol que cumple la institución en el Territorio Chileno Antártico.
Para el Sargento 1° Luis Miranda, especialista en meteorología proveniente de Valparaíso, esta misión es la culminación de un proceso de preparación intenso. “El entrenamiento previo no solo nos capacita técnicamente; también nos une como grupo humano. La convivencia aquí es un factor determinante, porque cada uno debe conocer y comprender al otro para sobrellevar el aislamiento”.
De las muchas jornadas que componen la estadía, Miranda destaca las del invierno, cuando la oscuridad predomina durante gran parte del día. “Ahí se revelan las verdaderas dimensiones humanas. La falta de luz nos obliga a mantener la motivación alta, a inventar rutinas, actividades deportivas o de camaradería. Descubrimos de qué estamos hechos”. Sobre el valor de representar al país en un lugar tan remoto, el meteorólogo lo resume con orgullo: “la Base ‘Capitán Arturo Prat’ tiene una carga histórica tremenda. Saber que seguimos escribiendo esa historia, con el nombre de Prat al frente, es una experiencia que combina responsabilidad, identidad y amor por Chile”.
Y al reflexionar sobre lo que significa vivir en la Antártica, concluye que “es convivir con el blanco, donde cada día es un acto de resistencia, descubrimiento y resiliencia. Como un árbol que, aunque azotado por los vientos más duros, no se quiebra: se adapta, se dobla y sigue creciendo”.
Ya en el tramo final de la comisión de ambas bases, los aprendizajes y enseñanzas están incrustados en el espíritu de cada uno de los 22 marinos, incluyendo a sus comandantes, que se desplegaron por más de 300 días en el lugar más remoto del planeta. Para ellos, vivir en la Antártica no fue solo una misión, se consolidó en una experiencia vital e irrepetible, representando a la Armada de Chile y el país en su constante e histórica misión soberana en el fin del mundo.