Incorporación de Chiloé a la Soberanía Nacional - 22 de enero de 1826

Durante las primeras campañas navales de la guerra por la Independencia, el Gobierno del General Bernardo O’Higgins dio prioridad a las operaciones sobre el litoral del Virreinato del Perú con la intención de lograr su emancipación, postergando la conquista del archipiélago de Chiloé.

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El regreso de la Escuadra a Valparaíso y el posterior alejamiento de Cochrane del mando, señalaron el cese virtual de las operaciones navales de Chile contra el poder español. Sin embargo, la lucha en el mar no podía darse por finalizada en razón a que la independencia del Perú no estaba consolidada y quedaba el reducto realista de Chiloé. No obstante, razones políticas y económicas impidieron que la Escuadra se mantuviera operativa.

En efecto, la situación en el Perú pasó por momentos de gran confusión. La reunión de San Martín con Bolívar en Guayaquil, julio de 1822, determinó que el destino del Perú pasara a manos de éste último, abandonando San Martín el protectorado mientras aún existía una resistencia realista significativa. Esta se fue fortaleciendo y obteniendo algunos triunfos sobre los patriotas. Es así como el 07 de febrero de 1824, la guarnición de El Callao se amotinó y se pasó al bando realista; en pocas semanas fue reforzada por una división española que se hizo firme en la plaza fuerte. Por otra parte, fuerzas leales al Rey operaban con cierto éxito en el sur del Perú y se habían apoderado de algunos lugares, entre ellos Anca, donde preparaban lo necesario para apoyar a las fuerzas navales que se esperaban, provenientes de España, enviadas por el Rey Fernando VII, restablecido en el trono español, quien abrigaba esperanzas en recuperar sus antiguas posesiones de América. En definitiva, la escuadra ofrecida; contó sólo con dos mercantes armados, el “Asia” y el “Aquiles”.

Lo anterior, reavivó la actividad del Coronel Antonio de Quintanilla, Gobernador de Chiloé, quien multiplicó las defensas de su reducto y alentó a españoles y extranjeros para combatir a los patriotas, armando naves mercantes, a las cuales les otorgó patente de corso. Estos corsarios constituyeron una amenaza contra el comercio y el tráfico marítimo entre Chile y Perú.

Podemos recordar que durante las primeras campañas navales de la guerra por la Independencia, el gobierno del General Bernardo O’Higgins, dio prioridad a las operaciones sobre el litoral del Virreinato del Perú, con la intención de lograr su emancipación, postergando la conquista del archipiélago de Chiloé.

Pese a lo anterior, el Almirante Cochrane, en febrero de 1820, inmediatamente después del asalto y toma de Corral y Valdivia, expedicionó sobre la isla de Chiloé con el objetivo de lograr su captura, fracasando en su intento.

Posteriormente, el Director Supremo, General Ramón Freire, dispuso la realización de una segunda expedición sobre Chiloé bajo su dirección personal. La fuerza naval compuesta por la fragata “Lautaro” y la corbeta “Independencia”, al mando del Capitán de Navío Roberto Foster, zarpó de Valparaíso el 27 de enero de 1824, llevando dos batallones a Talcahuano, para reunirse allí con los demás cuerpos de la expedición. Llegados los buques, la tropa desembarcó en la isla Quiriquina, donde se estableció el campamento y cuartel general.

A fines de febrero arribó la corbeta “Chacabuco” y un transporte, llevaban víveres y municiones para el Ejército expedicionario. Su llegada marcó el momento del reembarque y partida de la expedición.

El 02 de marzo zarpó desde la Isla Quiriquina el convoy integrado por la fragata "Lautaro", corbetas "Independencia" y "Chacabuco", goleta "Mercedes" y los transportes “Ceres”, “Valparaíso”, “Pacífico” y “Tucapel”, conduciendo a su bordo 1.700 hombres de infantería, 95 de caballería y 24 artilleros con 3 piezas de montaña.

El 14 de marzo, las naves arribaron a Corral, donde se incorporaron el bergantín "Galvarino" y la corbeta "Voltaire". A bordo de estos últimos se habían embarcado 540 soldados aportados por la guarnición de Valdivia.

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El 18 de marzo zarpó la expedición a Chiloé, arribando al canal de Chacao el 24, luego que un violento temporal dispersara por completo al convoy.

Largo sería enumerar las diferentes acciones desarrolladas por la expedición, resumiendo podemos afirmar que el desconocimiento del terreno, las condiciones climáticas del teatro de operaciones y los diferentes errores tácticos cometidos en tierra por Freire, posibilitaron a las tropas del Coronel Quintanilla rechazar a las fuerzas invasoras, obligándolas a reembarcarse y retirarse de la isla con una derrota aumentada con la varada y pérdida de la corbeta "Voltaire", recientemente adquirida.

Como consecuencia del fracaso de la expedición anterior, el gobierno del General Freire se impuso la misión de preparar una tercera. Mas, la grave situación imperante en el Perú, los requerimientos de apoyo de Bolívar y la complicada situación estratégica naval reinante, llevaron a Freire a posponer la incorporación de Chiloé al territorio nacional y contribuir primero a la consolidación de la independencia del Perú. Por ello se alistó la Escuadra lo más rápido que fue posible, zarpando al norte parte de ella, el 30 de noviembre de 1824, al mando del Almirante Manuel Blanco Encalada.

Esta primera división la integraron la fragata “O’Higgins”; corbeta “Chacabuco”, bergantín “Galvarino” y la goleta “Moctezuma”. La Escuadra recaló a Arica, para posteriormente seguir a Quilca, donde el Almirante conoció la noticia de la capitulación de los realistas en Ayacucho. Continuó de inmediato a El Callao a fin de sumar sus fuerzas a las que bloqueaban ese puerto. Bolívar entregó el mando conjunto de las fuerzas navales de Chile, Colombia y Perú al Almirante Blanco Encalada, con las cuales desarrolló las últimas operaciones necesarias. No obstante, como la capitulación de Ayacucho estableció que las naves españolas podían regresar a la península, no quedaron fuerzas contra las cuales combatir.

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Finalizada la campaña de la Escuadra chilena en apoyo del Perú, el Director Supremo, General Ramón Freire, inquieto y preocupado por las noticias provenientes del Perú, de que Bolívar alistaba una expedición para conquistar Chiloé, aceleró la preparación del Ejército que cumpliría este propósito en su tercer intento, asumiendo personalmente el mando de la expedición, compuesta de 2.275 hombres embarcados en cinco transportes. La protección del convoy se le encomendó a la Escuadra, al mando del Vicealmirante Manuel Blanco Encalada; integrada por la fragata “O’Higgins”, corbetas “Independencia” y “Chacabuco, bergantines “Galvarino” y “Aquiles”. La Escuadra y el convoy zarparon de Valparaíso rumbo al sur el 27 de noviembre de 1825.

El plan de campaña de Freire consistía en atacar directamente a San Carlos de Ancud, el área más protegida, penetrando con todas las fuerzas, despreciando el fuego de las baterías costeras. El Almirante Blanco Encalada, más cauto, se opuso a este plan por cuanto se exponía a los buques transportes y a los de la Escuadra al fuego cruzado de los fuertes. Propuso, en cambio, desembarcar en Puerto Inglés, fuera del alcance de las baterías españolas y dirigirse por tierra a silenciar la batería de Balcacura que cierra el golfo de Quetalmahue. Conseguido tal objetivo, se reembarcarían las fuerzas para cruzar por mar, tomando a San Carlos de Ancud por el flanco. Este plan fue aprobado en última instancia y desarrollado exitosamente. A su vez, con parte de los medios navales, se llevaron fuerzas a Castro y Dalcahue, las cuales completaron el cerco sobre los españoles.

Las triunfos obtenidos por las tropas de Freire en las batallas de Pudeto y Bellavista, libradas los días 13 y 14 de enero de 1826, respectivamente, llevó a los partidarios del Rey de España a capitular.

La rendición de la guarnición realista de Chiloé se produjo el 19 de enero de 1826, con la firma de Quintanilla y Freire del Tratado de Tantauco, mediante el cual, Chiloé fue incorporado solemnemente a la República de Chile el 22 de enero.

La conquista de Chiloé es casi coincidente con la capitulación de las fuerzas realistas en El Callao y en todo el Perú. De esta forma España fue desalojada definitivamente de sus últimas posiciones en el Pacífico. Chiloé, último bastión español en el continente, lucía ya la enseña de Chile. Se lograba así la consolidación de la independencia de América.

El 05 de febrero de 1826 arribó a Valparaíso la Escuadra que había realizado la triunfante campaña sobre Chiloé. En esos momentos el país vivía virtualmente en paz y en una situación de pobreza lamentable.

Pasada la euforia de la recepción a los triunfadores, los economistas de la época señalaron al gobierno el problema financiero que significaba para el país la mantención de la Escuadra, proponiendo su disolución y venta.

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La escuadra española había desaparecido por completo del Pacífico y no existía, en opinión del gobierno, necesidad de mantener naves de guerra que imponían una fuerte carga a las arcas fiscales.

Este fue el principal argumento considerado en el Decreto Supremo del Director Supremo, General Ramón Freire, del 10 de abril de 1826, que disponía la enajenación de las tres principales naves de la Escuadra y que dio inicio a la primera crisis del poder naval chileno que perduró por más de diez años.

Se dispuso la venta de la fragata “O’Higgins” y las corbetas “Independencia” y “Chacabuco”. Posteriormente, se ordenó el desarme de los buques restantes, excepto el bergantín “Aquiles”.

A la acción sobre los buques se sumó el cierre de la Academia Náutica, que el mismo Freire creara en 1824 para continuar la labor cumplida por la Academia de Guardiamarinas fundada por O'Higgins en 1818.

Los cuadros de Oficiales se redujeron, como asimismo, los de Gente de Mar, licenciándose todos los Guardiamarinas y Pilotines.

Con ello no tan sólo se redujo la Escuadra a su más mínima expresión sino que se llegó a la virtual extinción del poder naval.