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Discurso 21 de Mayo del Almirante Leiva

¡Este es el lugar y el momento es ahora!

La celebración popular y ciudadana de los 200 años de la Marina de todos los chilenos no podía ser en otro lugar que este, ni en otro momento que ahora.

La Armada de Chile no tiene un acto administrativo que determine su creación como tal, por lo tanto, no tiene fecha de aniversario. Pero la sociedad chilena como un todo, hace más de un siglo, decidió en el Parlamento de la República, por ley 2.977 del 01 de febrero de 1915, establecer que el 21 de Mayo de cada año, sería un día festivo nacional y sería el día que todos los chilenos se daban a sí mismos, para celebrar y recordar las Glorias de su Armada.

Cuando el presidente Barros Luco promulgó esta ley, sabía que se hacía eco de un clamor popular que quería fusionar para siempre la epopeya de Prat y de la "Esmeralda", con todas las glorias de la Marina de Chile, transformando el 21 de mayo, en el día en que todos los chilenos celebran las Glorias Navales de la Patria.

Este feriado de carácter nacional, viene en reconocer que formar y tener una Marina es una decisión de Estado, un esfuerzo permanente y un desafío para todo un país.

Una Marina, para trascender en el tiempo, requiere de visión política, de liderazgo, de compromiso, de coraje, de disciplina y de persistencia.

Requiere de una mirada penetrante, honesta y compartida sobre el rol que queremos jugar en el mundo, sobre cuál es nuestro lugar en el concierto de las naciones y que importancia le damos al mar en esa visión de futuro.

Pero por sobre todo, requiere del cariño y del aprecio de la sociedad a la que sirve y de la población de la cual se nutre en su elemento más importante, sus tripulaciones.

Fue así en el pasado, y hoy con mayor fuerza en un mundo incierto y global; tener una Marina, demanda de nosotros claridad, voluntad y compromiso.

Todos esos atributos convergen hoy en esta plaza, en este monumento, propiedad de todos los chilenos, que fue erigido mediante colecta pública a la que concurrió la sociedad entera y que es al mismo tiempo, la cripta donde descansan los cuerpos de los máximos exponentes de heroísmo y compromiso de la Marina y de la nación chilena.

En este 21 de mayo del año 2018, año en que celebraremos el bicentenario de la Marina, quiero invitar a mis compatriotas, a tan sólo unos minutos de reflexión.

En este día de fiesta nacional, queremos invitar a todos los chilenos de corazón a agradecer, con nosotros, a aquellos que nos precedieron en la construcción de nuestra querida Patria, sirviendo a Chile en la Marina y también, por qué no decirlo, reconocer en justicia, los servicios que esta Armada de Chile le ha prestado a la República, en estos 200 años de navegar, acompañando la historia de nuestro país.

Chile sería hoy un país muy distinto del que conocemos, si no tuviera la Armada que tiene. Tan sólo permítanme explicarlo.

Una Marina no cae del cielo, sino que se concibe, se fragua, se forma. Nace a la vida por la voluntad de un pueblo, por el liderazgo de sus conductores y por la perseverancia de su sociedad.

La Marina de Chile nace al calor de los cañones de Chacabuco cuando O´Higgins exclama: "Este triunfo y cien más, serán insignificantes si no dominamos el mar."

Se requirió de visión y liderazgo para formar una Escuadra que consolidara la independencia de la República y fuera una garantía de libertad y soberanía para todos los pueblos del Pacífico americano.
Así fue. La Escuadra chilena hizo que la bandera de la estrella solitaria fuera señora de las aguas del Pacífico desde Baja California al Cabo de Hornos, dando una señal clara de que estos, eran los mares del Nuevo Mundo, las aguas que bañan la tierra de hombres libres y de frente erguida.

Esta Marina que hoy cumple 200 años, es la misma Marina que bajo las órdenes de Blanco y de Cochrane se bautizó de mar y de fuego, de gloria y de victoria en Talcahuano, en Valdivia y en Callao.
Esta es la Marina que consolidó nuestra independencia y que contribuyó a lograr la del Perú.

La que llevó a Freire a incorporar Chiloé a nuestro territorio soberano. Que permitió a Portales despejar la amenaza de la confederación Perú-boliviana.

La que llevó la bandera chilena, en brazos de Williams, al Estrecho de Magallanes.

Es la misma Marina que en Papudo, arrebató la goleta "Covadonga" a la escuadra española, que posteriormente, bombardearía sin piedad a nuestro querido Valparaíso, en ese entonces indefenso.

Es la misma que desde Chipana hasta el Callao acompañó a nuestro Ejército expedicionario por largos años de campaña durante la Guerra del Pacífico.

Ella fue la que dio a nuestros soldados en tierra, todos los beneficios que otorga el control de los mares, que fuera conquistado en Angamos bajo el mando del Almirante Galvarino Riveros.

Fue en esa misma contienda, hace 139 años, que la Marina de Chile le entregó a la República la página más deslumbrante de su historia en la rada de Iquique, y al pueblo chileno, al héroe más querido y respetado por todos los nacidos en esta tierra.

Es la misma Marina, que llevó al comandante Policarpo Toro a Rapa Nui, dándole a nuestro Chile su alcance polinésico en el Pacífico profundo.

Esta es la Marina del Piloto Luis Pardo, que materializó una hazaña con el rescate de la expedición de Shackleton en las tormentosas aguas australes.

Es la Marina que llevó al Presidente González Videla a la Antártica, consolidando nuestra voluntad de estar presentes y nuestro derecho de considerar al continente helado como un pedazo más de Chile lindo.

Esta es la Marina que, a fines del siglo pasado estuvo presente, cuando tuvimos períodos de tensiones y que su sola presencia disuasiva, contribuyó a mantener la paz.

Son 200 años acompañando y siendo testigo y actor, del devenir de la República en el mar y desde el mar, en la guerra y en la paz y proyectando lo que somos a través del mar al resto del mundo.

Esta celebración de los 200 años de la Armada de Chile, que en forma simultánea se hace a las 12.10 horas en las principales ciudades y puertos del país, tenía que tener su ceremonia principal aquí, en Valparaíso.

Aquí nace nuestra Marina. Su presente y su destino están también ligados a este puerto querido.
Es este puerto el que recibió entre vítores a los buques de la Escuadra de Blanco Encalada después de la captura de la fragata "Reina María Isabel" en Talcahuano y la de Cochrane después de las victorias en Corral y en Callao.

Este puerto, sus cerros y su gente, recibieron los cuerpos de Prat, Aldea y Serrano y este monumento, marca el diario devenir de este Puerto Principal, con una llama eterna que es faro y guía para el navegar. Al estar Prat enterrado aquí, Valparaíso se transforma en un símbolo para todo el país.

Aquí, la Marina no pretende dar lecciones de comportamiento, nosotros los marinos, como todos los chilenos, venimos a sentir lo que significa el valor de la entrega sublime a un bien superior y con ello, guiar nuestras conciencias y acciones.

Este monumento es el ancla de la conciencia patriótica de la República.
Aquí está el ejemplo de cómo se sirve a la Patria.

Aquí está la vara que mide, hasta donde debe llegar el sacrificio, cuando el amor a Chile está encendido en los corazones.

Aquí se señala, con la fuerza moral del ejemplo, que el amor a Chile obliga a anteponer deberes a derechos, sacrificios a beneficios.

Este puerto, más que por su arquitectura única, es patrimonio cultural de la humanidad por su mar, por ser crisol de culturas y expresión temprana de un mundo global.

Pero además de ser patrimonio cultural de la humanidad, este monumento transforma a Valparaíso en patrimonio nacional para la enseñanza de los deberes cívicos, del compromiso con la Patria, de nuestras obligaciones con Chile.

La forma en que Prat ofrendó su vida, quedó grabada para siempre, como paradigma y ejemplo de sacrificio en las páginas de la historia de Chile. Pero en forma tranquila y callada, Prat grabó en los corazones de los chilenos, un legado tanto o más potente: El ejemplo de cómo vivir la vida.

Para enfrentar los desafíos de la guerra del pasado, Chile necesitó a Prat saltando al abordaje en Iquique. Pero para enfrentar los desafíos del futuro, Chile necesita, todos los días, del ejemplo de vida de Prat.

Donde en nuestras diarias actividades, quizás, no sea necesario morir para contribuir al engrandecimiento de la Patria, pero donde sí, es indispensable vivir como lo hizo Prat.

Prat, es un ejemplo tan potente, que es luz que ilumina el camino. En sus 31 años de vida, fue un hijo ejemplar, un esposo y padre cariñoso, un alumno responsable que con inmenso esfuerzo sacó adelante sus estudios mientras trabajaba. Un profesional capaz y un líder carismático, exigente pero humano, justo y cercano a su gente.

Un ciudadano comprometido con los destinos de su Patria y un hombre de bien que donó su tiempo y esfuerzo, para enseñar en forma gratuita a los más necesitados.

Arturo Prat es un ejemplo de cómo vive un hombre íntegro, una persona recta y buena. Una vida inspirada en valores, vivida con una conducta consecuente.

La hazaña de la vieja "Esmeralda" nos llama a darlo todo por Chile, pero Arturo Prat y su ejemplo de vida y de muerte, nos invitan al heroísmo más difícil. El heroísmo del cumplimiento del deber de todos los días.

En base a ese cumplimiento del diario deber, haciendo de lo ordinario algo extraordinario, tal como lo decía Don Bosco, significa que, con el sólo cumplimiento con mis deberes y obligaciones de ciudadano, estaremos contribuyendo potentemente al engrandecimiento de nuestra Patria.

Quizás sea oportuno recalcar, que el ejemplo de Prat y su dotación inmortal, sigue vivo y vigente en los chilenos de buen corazón, como una muestra de ello, es que tan sólo hace unos días, un joven, valiente y destacado profesor entregó su vida para salvar a tres de sus alumnas, que se ahogaban en la Playa de El Tabo. Ese profesor hizo algo extraordinario en su vida y Chile se lo reconoce.

Pero hoy, también llamo a mis camaradas de armas, a vivir y hacer propio el ejemplo del Comandante Prat y renovar en este día, desde el fondo de nuestros corazones, la esencia de nuestro juramento: Servir fielmente a la Patria, sin restricciones de tiempo, lugar, ni límite de entrega.

Es ese juramento, el que hace que nuestra Armada bicentenaria, renazca año a año, cuando la juventud chilena llega a sus cubiertas, dispuesta a hacerse a la mar para servir a la Patria.

Es ese juramento, el que hace que la muerte heroica de Prat cobre sentido y vigencia.

Es ese juramento el que mantendrá la llama de patriotismo que adorna este monumento, viva para siempre.

La Armada de Chile en esta celebración de las Glorias Navales, en el año de su Bicentenario, viene a testimoniar ante todos los chilenos que renueva su compromiso con los destinos de la Patria.

Y como prueba de ese compromiso por parte de nuestras dotaciones, en unos momentos más, la Armada reconocerá a uno de los nuestros, un extraordinario acto de arrojo, que le hizo merecedor de recibir la Condecoración "Al Valor", siendo esta, otra prueba más, que el espíritu de Prat sigue fuerte en nuestra sangre.

Somos los custodios de los mares de Chile y sus riquezas, protegemos y permitimos una operación segura de nuestra Marina Mercante; de nuestros activos puertos, terminales marítimos y caletas pesqueras; de nuestras flotas para las pesquerías industrial y artesanal; contribuimos al desarrollo nacional con nuestros modernos y muy productivos astilleros; cooperamos con el floreciente y eficaz desarrollo de la ciencia e investigación marina; y en fin, estamos comprometidos con todo aquello que vinculado a nuestra proyección oceánica, contribuye crucialmente al progreso de nuestra nación.

Asimismo, apoyamos a nuestros compatriotas en momentos de catástrofes, llevando desde el mar una mano amiga para mitigar su sufrimiento.

Somos servidores de nuestra Patria, embajadores de su cultura por los mares del mundo y que estamos listos para defender los intereses de Chile donde quiera que sea requerido.

Señor Presidente: Quiso el destino que Su Excelencia, presidiera en el 2010 la conmemoración del bicentenario de la Independencia de la República y hoy, en este día de la Glorias Navales de Chile, en el año del Bicentenario de la Marina, sea usted quien presida también, esta fiesta popular.

El sentido de trascendencia de la Armada de Chile como institución permanente de la República está aquí, a la vista de todos, en esta plaza y en las calles de las ciudades y puertos a lo largo del país.

Hasta aquí han bajado hoy, los porteños de los cerros y han llenado las estrechas calles de este puerto para hacerse parte del desfile en homenaje a Prat y sus muchachos de la "Esmeralda".

Entre los niños y jóvenes que se incorporan a esta fiesta popular, y que hace algunos días en todo Chile han desfilado rindiendo honores a los héroes de Iquique, están los futuros poetas y cantores, cineastas y escritores.

A los relevos de las artes y las letras, se suman los jóvenes que servirán a Chile desde la política, en la academia, en las aulas, en la ciencia y la tecnología, en el deporte, en el emprendimiento, en la gestión y en el servicio público.

Junto a la juventud de Chile, que hoy observa esta celebración, en las filas de la Academia Politécnica Naval forman los marineros que serán los suboficiales y Condestables Mayores que en treinta años más traspasarán, las tradiciones marineras y las semillas de patriotismo a las nuevas dotaciones.

En esta ceremonia también, formados en el regimiento de presentación de nuestra querida y bicentenaria Escuela Naval, está el Almirantazgo que conducirá los destinos de la Marina en el año 2050.

Sr Presidente, en la juventud de Chile, vestida de uniforme o de civil, está la semilla de grandeza que Prat y sus muchachos nos legaron. En esa juventud, el sacrificio de la tripulación de la "Esmeralda" vuelve a la vida, cobra sentido y adquiere proyección de futuro.

Agradezco de corazón su presencia, junto a las más altas autoridades de la República, porque estamos proyectando una señal viva y potente que, servir a Chile no sólo es un deber, sino que es un privilegio y un honor.

Celebramos los 200 años de la Marina de todos los chilenos con orgullo por nuestro pasado y con esperanza y entusiasmo por nuestro futuro.

Renovamos hoy, con más fuerza que nunca nuestro compromiso con Chile y hoy, condecoraremos nuestros Estandartes, nuestro símbolo patrio más sagrado, por los 200 años al servicio de Chile y con una mirada puesta en el futuro.

Compatriotas: Esta es la Bicentenaria Armada de Chile, la Armada de Prat, la Marina de todos los chilenos.

Una Armada cuyo orgullo más alto, está en el patriotismo, profesionalismo y compromiso de sus dotaciones y en los estándares operativos de sus buques, aeronaves, submarinos y fuerza anfibia.
Una Armada Bicentenaria, cuya arma más poderosa al servicio de la Patria, es un palpitante corazón de marino chileno, guiado por el ejemplo de cómo vivir y cómo morir, tal como nos legara íntegramente el Comandante Arturo Prat.

Armada de Chile, 200 años navegando al servicio de la Patria con tradición y visión de futuro.
Muchas gracias