Captura de Buques de la Confederación - 17 de agosto de 1836

La expedición del General Ramón Freire Serrano había producido una situación tan tensa en las relaciones entre los países, que la guerra era inminente.Imagen foto_00000003

La expedición del General Freire era una provocación indesmentible del Mariscal Andrés de Santa Cruz, que Chile no podía permitir.

Pero, el desequilibrio de fuerzas era demasiado grande.

Para ello el Ministro Diego Portales Palazuelos ideó un audaz plan para desbaratar las intenciones de la Confederación.

Mientras enviaba a la fragata "Monteagudo" a someter al General Freire en Chiloé, simultáneamente ordenó el 13 de agosto de 1836, zarpar al bergantín "Aquiles" y a la goleta "Colo Colo" para apoderarse de los buques peruanos que se encontraban surtos en El Callao.

Entregó el mando de esta empresa al Coronel Victorino Garrido, en calidad de comisionado del Gobierno de Chile.

Imagen foto_00000001El Comandante del "Aquiles"era el Capitán de Fragata Pedro Angulo Novoa, conocido por su pericia y valentía.

La "Colo Colo "fue enviada a Arica e Islay para apoderarse de los buques y embarcaciones allí existentes.

El "Aquiles" navegó directamente a El Callao, siendo retrasado por un temporal que lo desarboló, pudiendo recalar a ese puerto sólo el 21 de agosto de 1836.

En El Callao, al amparo de los fuertes, permanecían al ancla las naves de la Confederación: la barca "Santa Cruz", los bergantines "Arequipeño" y "Fundador" y la goleta "Peruviana".

A la medianoche de ese día, el Comandante Pedro Angulo al mando de cinco botes, se apoderó consecutivamente de la "Santa Cruz", "Arequipeña" y "Peruviana".

El bergantín "Fundador" estaba desarbolado y sin su cubierta, por lo que no era una presa rentable.

Los buques capturados fueron llevados fuera de la bahía para amarinarlos, para su llevada a Chile.

La cólera del Mariscal Andrés de Santa Cruz lo llevó a detener al Encargado de Negocios de Chile, pero luego recapacitando sobre su inmunidad diplomática, lo dejó en libertad y le concedió un pasaporte para dejar el país.

La firme actitud de Victorino Garrido llevó a la firma de un tratado en el que se establecía que Chile no capturaría ningún otro buque de la Confederación, se comprometía a retirarse de las costas peruanas en el plazo de diez días y podía mantener los buques apresados hasta que se llegase a una arreglo definitivo.

Además, las partes se comprometían en no aumentar sus fuerzas navales durante el plazo de cuatro meses y el Encargado de Negocios podía volver a Lima.

El 2 de septiembre, la flotilla zarpó de El Callao rumbo a Valparaíso, donde recaló el 23 del mismo mes.