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AGUSTÍN ARTURO PRAT CHACÓN
El Capitán de Corbeta
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El 12 de Febrero de 1873 ascendió a Capitán de Corbeta.

El 5 de mayo de 1873 desposó a Carmela Carvajal Briones, con quien tuvo tres hijos: Carmela de la Concepción, Blanca Estela y Arturo Héctor.

Permaneció en el mando accidental de la corbeta hasta junio de 1873, fecha en que la entregó al titular, Capitán de Fragata Luis Alfredo Lynch Zaldívar, quedando siempre como Segundo Comandante.

El 24 de mayo de 1875 hallándose en Valparaíso en la corbeta "Esmeralda", se desencadenó uno de esos temporales que han hecho historia en Valparaíso, puerto que en ese entonces no contaba con las obras portuarias de hoy en día.

El buque se hallaba amarrado con cadenas a su boya en Valparaíso. Como el tiempo se había presentado bonancible y nada hacía esperar un cambio meteorológico de magnitud en pocas horas, sus dos jefes superiores estaban en tierra. Lynch había bajado como cualquier día y Prat, con licencia por una ligera enfermedad.

En la noche del 23 al 24 de mayo el ligero viento del norte fue arreciando rápidamente y se transformó en temporal. Cuando amaneció, Valparaíso hervía enloquecido y el mar se precipitaba en furibundas olas contra los arrecífes de la playa y el viento rugiente sacudía como plumas las frágiles embarcaciones y tesaba las cadenas y amarras de los buques mayores hasta términos peligrosos.

Cuando las olas se agigantaron y bañaban las cubiertas de las naves y los tripulantes a duras penas podían caminar contra ese viento de fuerza incontrolable, el vapor "Valdivia" fue arrojado contra la "Esmeralda" cortándole las cadenas, rompiéndole el bauprés y echándole abajo el palo trinquete. En tal emergencia, la vieja corbeta quedó al garete y se atravesó chocando con el vapor "Maipú", su camarada en Guerra contra España y a la sazón convertido en pontón.

En esta angustiosa situación llegó Lynch a bordo, quien hubo de subir por un cabo lanzado desde cubierta al bote fletero en el cual llegó. Poco después lo hacía el Segundo Comandante, Capitán de Corbeta Arturo Prat, quien no obstante su licencia por enfermo, abandonó el lecho y se fue a bordo en una embarcación fletera que pagó a precio de oro. Los más animosos remeros habían rehusado llevar al personal a bordo y ni aún pagándoles precios exorbitantes, pero ante las exigencias de Lynch, por un lado y de Prat, por el otro, cada bote accedió, a su turno, a dejarlos a bordo.

Prat bogó junto a los remeros y todos se afanaron para llegar a la corbeta, subiendo y bajando sobre las crestas espumosas de las olas, exponiendo la vida, tanto a la ida, como a su regreso a tierra.

 

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A pocos metros del costado de la corbeta y no pudiendo el bote atracar, so pena de atravesarse y darse vuelta. Prat se lanzó al agua y se acercó al buque a nado. Fueron sólo algunos pocos metros y desde a bordo le arrojaron un cabo y por él se ayudó para subir a cubierta, donde trabajó febrilmente, con el extremo de un cabo amarrado a la cintura y el otro a un mástil, de modo de tener la suficiente libertad de movimiento y a la vez le sirviera de seguridad para no caer al agua por las grandes escoras del buque. Igual procedimiento había adoptado Lynch en la toldilla.

Después de ímprobo trabajo y porfiada lucha, Lynch consiguió varar al buque de proa, ya de noche, frente a la actual estación de Ferrocarriles, El Barón.

Allí, como se pudo, se pasaron cabos a tierra. Prat se despojó del cabo que lo ataba y procedió a dirigir la maniobra de pasar espías, tanto para afirmar el buque como para poder abandonarlo, pues ya no podía hacerse otra cosa a bordo, sino que esperar en tierra que pasase la tormenta. Los oficiales de marina y la tripulación que se hallaba en tierra procedieron al salvamento de la gente, lográndose hacerlo sin ningún percance como a las tres y media de la mañana, gracias a la brillante labor desplegada desde a bordo por el denodado Capitán Prat. El último que dejó el buque fue el Comandante Lynch. Se hallaba en la playa el Comandante General de Marina, Francisco Echaurren García-Huidobro, el infatigable Mayor de Ordenes Juan Williams Rebolledo y muchos otros.

Pasado el temporal y vuelta la tranquilidad, se logró salvar la "Esmeralda" gracias a las atinadas medidas tomadas por Juan Williams Rebolledo y sus colaboradores, con ayuda del vapor "Ancud" y el remolcador "Adela," que pudieron zafarla y remolcarla lejos de la playa, para ser llevada al dique.

En muchas ocasiones Prat reemplazó a Lynch como director accidental de la Escuela Naval y allí su labor fue brillante, de una preocupación permanente, como exigía la importancia de su cargo, con espíritu de responsabilidad y siempre teniendo en mente la equidad, rectitud e imparcialidad en los problemas disciplinarios internos.

Sus notas a la Comandancia General de Marina, fueron siempre juiciosas y al pedir los elementos indispensables para la Escuela Naval revelaron su honestidad funcionaria, incorruptible, pero humana.

 

Ultima Modificación: Lunes 30 de Abril de 2001