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¿Cuál es nuestra historia?

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El General O'Higgins en Valparaíso, en el zarpe de la Primera Escuadra Nacional.

La historia de la Armada de Chile es tan antigua como la tradición republicana de la Nación, ya que los esfuerzos por conformar una fuerza naval propia coinciden en el tiempo con la emancipación de la Corona Española, a contar de 1810. Uno de los principales artífices de este proceso, junto al General José Miguel Carrera, fue el General Bernardo O'Higgins, reconocido como el gran impulsor del poder naval chileno, al abogar tempranamente por el valor del dominio del mar, para consolidar a Chile como Nación independiente.

 

Especialmente significativa es la frase que se atribuye al prócer luego de la Batalla de Chacabuco, en 1817, ocasión en que afirmó: "este triunfo y cien más se harán insignificantes si no dominamos el mar".

 

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Los Changos fueron los primeros indígenas del norte en aprovechar el mar.

En la época prehispánica, el mar tuvo una importancia más bien marginal para quienes poblaban el norte del actual Chile. Sin embargo, las civilizaciones primitivas que florecieron en el transcurso de los milenios a lo largo de nuestro vasto litoral, aún cuando fueron eminentemente agrícolas, no permanecieron ajenas a las costas del mar.


Las frías aguas que besaban la costa pareja existente entre el límite norte y el canal Chacao, abundante en lugares fértiles, valles y quebradas existentes a lo largo del territorio, si bien no incitaron a las tribus autóctonas a enfrentar el ancho mar, permitieron a los primitivos habitantes de Arica, Camarones y Pisagua y desde el río Loa al sur, a Diaguitas y Changos, recorrer las aguas ribereñas utilizando embarcaciones hechas con cueros de lobos marinos, inflados, con las que se aventuraron hasta las templadas aguas del río Aconcagua y ocasionalmente hasta el Maule.

 

Eran en general tribus pequeñas que habitaban en todos sostenidos por arbustos o costillas de ballenas que cubrían con cueros de lobos y armaban en caletas protegidas contra el viento por resquicios existentes entre los roquedales de una costa, en la que abundan conchales de hasta tres metros de espesor, formados por la acumulación de moluscos arrojados durante siglos por quienes se alimentaban principalmente de mariscos y de la pesca.


El sur de Chile, región de archipiélagos e islas que se extienden entre el seno de Reloncaví y el cabo de Hornos, fue habitado por una raza de indígenas marítimos y nómades, cazadores y pescadores que ocuparon la franja occidental de la Patagonia a quienes se llamó genéricamente "fueguinos", nombre que sirvió para denominar a Cuncos, Chonos, Alacalufes y Yaganes.

 

Los pobladores de las menos temperadas aguas de la isla de Chiloé, que utilizaron dalcas construidas de madera y provistas de una vela con las que navegaron hasta el Corcovado, también llamados chilotes, no cabe duda que eran poseedores de una vocación, si no oceánica, al menos profundamente marinera, tal cual lo demostraron las primeras tripulaciones de los buques zarpados de Valparaíso a comienzos del siglo XIX, inicios de la época republicana. Para conformar la gente de mar necesaria para la maniobra de velas, empleo de los cañones y realización de los abordajes se reclutó a quienes ya poseían en sus genes una práctica velera y un espíritu apto para la vida en el mar.

 

Tanto las embarcaciones de cueros de lobos como las dalcas, ambas existentes desde mucho antes de la llegada de los españoles, hoy se encuentran prácticamente desaparecidas siendo recordadas en voces como Dalcahue y otros topónimos de la región de Chiloé.

 

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Los yaganes, en el sur, fueron un grupo de nómades a través del mar.

Más hacia el sur, entre las islas meridionales del archipiélago de Chiloé y el golfo de Penas, vivieron hasta fines del siglo XVIII los Chonos, habitantes inmemoriales de la extraordinaria región que posee Chile desde el Corcovado al sur, quienes tuvieron un género de vida un poco más evolucionado que los otros dos grupos más australes, Alacalufes y Yaganes.

 

Éstos eran poseedores de una civilización de nómades del mar que les permitió desempeñarse como cazadores y pescadores mientras viajaban los canales de la Patagonia y el Beagle, a bordo de embarcaciones hechas con pieles de focas en las que iban sus familias, mientras aseguraban el sustento transportando productos del mar que cocinaban en fogatas preparadas tan pronto atracaban sus canoas a la costa.

 

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El "Santiaguillo", cuya réplica se encuentra en Valparaíso, arribó a Chile en 1542.

Después que Hernando de Magallanes en 1520 se convirtiera en el primer europeo en observar las costas chilenas, correspondió a Pedro de Valdivia tomar posesión en nombre de la Corona Hispana del territorio que pocos años antes descubriera Diego de Almagro; extensa y fría región ubicada al sur del Cuzco entre la cordillera de los Andes y el océano Pacífico, cuyas aguas australes conocieron después de haber franqueado el desierto de Atacama y fundado Santiago y Valparaíso, puerto que estimaron necesario para establecer un enlace marítimo con Perú y asegurar su subsistencia.

 

A pesar de no prosperar la idea de contar con una embarcación que comenzaron a construir en la desembocadura del río Aconcagua, la que fue destruida por los indígenas, la llegada en 1542 de los buques "Santiaguillo" y  "San Pedro" permitió a los conquistadores continuar su tarea.


Descubiertas y ocupadas en los años venideros nuevas bahías, radas y canales, a fines del siglo XVI ingleses y holandeses llegaron a las costas de Chile permitiendo que la capitanía contara con fortalezas con las que enfrentarían sus intentos de invasión y saqueo.

 

Mientras tanto, los navegantes nombrados, y también franceses, españoles e italianos, continuaron descubriendo el Cabo de Hornos lo que permitió navegar el mar de Drake, el archipiélago de Juan Fernández y las islas de Pascua, Salas y Gómez, Santa María, Mocha y San Félix, lugares que serían visitados por quienes dese Europa y América arribasen a las costas sudamericanas y del Caribe, en busca de oro, plata y otros bienes que el Imperio Español de América controlaba en el Nuevo Continente; y que desde el año 1.500 Portugal se encargaba de controlar y explotar en la costa oriental de América del Sur, luego de que sus naos llegaran a Brasil.

 

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La primeras cartas de la costa de Chile fueron confeccionadas durante la Colonia.

En 1785, el italiano Malaspina fue encargado por la Corona Española de confeccionar una primera cartografía detallada de las costas situadas al sur de Chiloé; sin embargo antes de finalizar el siglo también se hicieron presente otras expediciones tales como las de los franceses La Perouse y Bougainville, el inglés Cook y los españoles Mancilla, Moraleda y Ugarte, quienes exploraron e identificaron numerosos pasajes, canales y litorales australes chilenos.

 

Esta cartografía y una ordenanza real de Carlos III favorecieron el establecimiento de un comercio con países extranjeros que poco a poco fue permitiendo el desarrollo de los puertos chilenos. Estando prohibido en los primeros siglos coloniales por el gobierno español, el contrabando practicado a fines del siglo XVIII por ingleses y franceses jugó un papel esencial en la entrada de productos a los países de la costa occidental de América del Sur, influencia que España no pudo impedir por carecer de buques de guerra suficientes para imponer su voluntad en el Pacífico. Esto debido a los conflictos que mantenían en Europa, motivando la declinación de su Armada y Marina Mercante; la pérdida de su imperio en América y el Pacífico. Para fines del siglo XVIII, la única vía de comunicación que Chile tiene con el resto del mundo es la marítima.

 

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Zarpe de la Primera Escuadra Nacional (1818).

En la organización del poder naval chileno destacan las figuras del Vicealmirante Manuel Blanco Encalada y del Ministro de Guerra y Marina Ignacio Zenteno, artífices en la formación de la Primera Escuadra Nacional y la Academia de Jóvenes Guardiamarinas, en 1818, primer plantel formador de Oficiales y antecesor de la actual Escuela Naval "Arturo Prat".

 

De esta época es también la creación de la primera estructura logística de apoyo a la flota y del Cuerpo de Infantería de Marina.

 

Entre las primeras acciones de relevancia de la recién formada Escuadra Nacional se destaca la captura de la fragata española "Reina María Isabel", el 28 de octubre de 1818 en la bahía de Talcahuano, y de siete transportes en las dos semanas siguientes, hecho que contribuyó a neutralizar los esfuerzos realistas por retomar el control de la costa chilena.

 

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Lord Thomas A. Cochrane.

Entre los aportes extranjeros al poder naval chileno, se cuenta al Almirante británico Lord Thomas Alexander Cochrane, contratado por el gobierno de la época para comandar la Escuadra y darle una estructura definitiva y profesional a la Armada.

 

Bajo su mando, la Escuadra Nacional fue decisiva para afianzar la independencia de Chile en el sur del país, con la toma de los fuertes de Corral y Valdivia en 1820, y para neutralizar los remanentes del poder colonial español en la costa del Pacífico, objetivo que se buscó a contar de ese año, con el envío de la Expedición Libertadora del Perú.

 

La Escuadra trasladó al Ejército Libertador, compuesto por 4.430 chilenos y argentinos que, al mando del General José de San Martín, desembarcaron en el país del norte.

 

En diversas acciones, el Almirante Cochrane atacó de manera audaz e incansable a las fuerzas navales españolas y a su comercio, alcanzando hasta California, contribuyendo decididamente a lograr la Independencia del Perú y a impedir los intentos realistas de retener estos territorios. Este notable marino imprimió un sello de profesionalismo en la Institución y la proyectó como una Armada oceánica, visión estratégica que ha perdurado hasta el presente.

 

Al mismo tiempo, implementó usos y costumbres de la Marina Real Británica, que fueron asimilados muy pronto por las dotaciones. La liberación total del territorio chileno se logró en 1826, con la rendición del último bastión realista en la Isla de Chiloé.

 

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La Escuadra Nacional demostró su importancia durante la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana (1836-1839), contribuyendo a la victoria de las armas chilenas al asegurar el completo dominio del mar. Este objetivo se alcanzó en el Combate Naval de Casma, el 12 de enero de 1839, ocasión en que los buques chilenos comandados por el Capitán de Fragata Roberto Simpson, vencieron a la flotilla del corsario Juan Blanchet, quien servía al gobierno confederado del Mariscal Andrés de Santa Cruz.

 

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Toma de posesión del Estrecho de Magallanes (1843).

El rol de la Armada en la integración de los territorios más alejados quedó de manifiesto con la Toma de Posesión del Estrecho de Magallanes, el 21 de septiembre de 1843, objetivo que hasta esa fecha no se había concretado debido a la dificultad de las comunicaciones y a la enorme distancia que lo separaba de los principales centros poblados de la zona central de Chile.

 

Esta empresa fue encomendada al Capitán de Fragata Juan Williams Wilson, quien zarpó desde Chiloé con la goleta "Ancud" para cumplir la doble tarea de incorporar definitivamente ese paso bioceánico a la soberanía chilena y fundar el primer asentamiento humano de la zona el 21 de septiembre de 1843. Éste fue bautizado como Fuerte Bulnes y posteriormente fue creada la ciudad más austral del territorio continental americano, Punta Arenas, en la ribera norte del Estrecho de Magallanes.

 

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La Guerra contra España, sostenida por Chile y Perú entre 1865 y 1866, fue ocasión para que entraran en la historia naval chilena importantes figuras. Tal es el caso del Capitán de Fragata Juan Williams Rebolledo, posteriormente Comandante en Jefe de la Escuadra, quien venció y capturó a la goleta "Virgen de Covadonga" sin contar ni una sola baja en su tripulación, durante el Combate Naval de Papudo, el 26 de noviembre de 1865.

 

Este conflicto fue la oportunidad en que recibió su bautismo de fuego la generación de marinos que pasaría a la historia como el "Curso de los Héroes". Aquí figura el máximo héroe naval de Chile, Capitán de Fragata Arturo Prat, junto a otros como Carlos Condell, Juan José Latorre, Luis Uribe y Jorge Montt.

 

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Combate de Abtao (1866).

En el Combate Naval de Abtao, durante ese mismo conflicto, lucharon en un mismo bando dos jóvenes Oficiales, Arturo Prat, de Chile, y Miguel Grau, de Perú, quienes más tarde se convertirían en los máximos héroes navales de sus respectivos países.

 

Una de las últimas acciones de esta guerra fue el bombardeo de la Escuadra española contra Valparaíso, ocurrido el 31 de marzo de 1866, en momentos en que no había buques de la alianza americana para defender el puerto. Este ataque fue factor desencadenante para la posterior instalación de artillería de costa, en distintos puntos de la ciudad.

 

La década de 1870 tuvo una gran relevancia debido a la sucesiva incorporación de unidades de mayor tonelaje y poder de fuego, como fue el caso de los blindados "Blanco Encalada" y "Cochrane". Estos dos navíos se enviaron a construir a Gran Bretaña en 1872 y representaron un gran hito para la Armada, que hasta el momento había basado su flota en unidades con casco de madera, de menor tamaño y artillería.

 

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La Escuadra Nacional en 1879.

La Guerra del Pacífico, que a comienzos de 1879 enfrentó a Chile con Perú y Bolivia, fue una oportunidad en que quedó demostrada la importancia de contar con un poder naval adecuado a las necesidades del país.

 

Este conflicto se caracterizó por la relevancia que adquirieron las líneas de comunicación marítima, ya que las tropas debían combatir en un escenario extenso y desértico, dependiendo en gran medida de los abastecimientos que les podían llegar por vía marítima. Esto hizo que el triunfo en esta guerra fuera alcanzado por Chile sólo después de asegurar completamente el control del mar, objetivo que se consiguió luego de los primeros siete meses de operaciones.

 

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Combate Naval de Iquique (1879).

El Combate Naval de Iquique, ocurrido el 21 de mayo de 1879, fue una de las acciones más decisivas de la guerra, debido al ejemplo entregado por el Capitán de Fragata Arturo Prat Chacón, Comandante de la corbeta "Esmeralda", junto a su dotación, quienes se enfrentaron en manifiesta desventaja de fuerza a las unidades peruanas que los atacaban, combatiendo hasta el final y hundiéndose sin arriar su pabellón.

 

El Comandante Prat saltó heroicamente al abordaje del monitor peruano "Huáscar" mientras éste lo embestía.

 

Su muerte, y la de la mayor parte de sus hombres, conmovieron a la opinión pública chilena y estimuló en gran manera el sentimiento patriótico de marinos y soldados, contribuyendo de manera significativa a la victoria en este conflicto.

 

De manera paralela al enfrentamiento entre la "Esmeralda" y el "Huáscar", se produjo el mismo 21 de mayo de 1879 el Combate Naval de Punta Gruesa al sur de Iquique, entre la fragata blindada peruana "Independencia" y la goleta chilena "Covadonga", comandada por el Capitán de Corbeta Carlos Condell de la Haza.

 

Mientras era atacado por un buque de mucho mayor tonelaje y artillería, Condell condujo a su unidad muy cerca de la costa, lo que hizo varar a la fragata "Independencia" y quedar neutralizada sobre las rocas al intentar abordar a la "Covadonga". Esto representó un gran golpe para la Marina del Perú, que perdió así uno de los más grandes y valiosos navíos de que disponía para enfrentar a la flota chilena.

 

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En Angamos, la Escuadra logró el control del mar, durante la Guerra del Pacífico (1879).

El dominio completo del mar por parte de las fuerzas chilenas fue alcanzado luego de la Batalla Naval de Angamos, el 8 de octubre de 1879. En esta ocasión, dos grupos de tarea chilenos lograron vencer y capturar al monitor peruano "Huáscar", principal obstáculo para mantener libres las comunicaciones marítimas en el teatro de operaciones del norte. Durante el enfrentamiento perdió la vida el Comandante del navío peruano, Contraalmirante Miguel Grau.

 

Los buques chilenos que encabezaron esta acción fueron los blindados "Blanco Encalada", comandado por el Comandante en Jefe de la Escuadra, Capitán de Navío Galvarino Riveros, y "Cochrane", al mando del Capitán de Fragata Juan José Latorre.

 

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Isla de Pascua, de acuerdo a la carta náutica de 1870.

Al terminar la Guerra del Pacífico, Chile vivió un periodo de paz que contribuyó a afianzar su desarrollo y crecimiento económico, y que permitió a la Armada consolidar su estructura y emprender distintos procesos en beneficio del país. La única excepción a esto fue la Guerra Civil de 1891, que enfrentó a fuerzas políticas rivales, partidarios del Presidente Balmaceda por un lado y del Congreso por otro.

 

La Escuadra tomó parte por este último, con excepción de los cazatorpederos "Almirante Lynch" y "Almirante Condell" que protagonizaron la primera acción naval exitosa con torpedos en el mundo, al hundir en la bahía de Caldera al blindado "Blanco Encalada". Esto no impidió que la Guerra Civil se resolviera posteriormente a favor de las fuerzas del Congreso.

 

A fines del siglo XIX tuvo lugar la incorporación efectiva de Isla de Pascua o Rapa Nui a la soberanía de Chile. Esto se debió a la iniciativa del entonces Capitán de Corbeta Policarpo Toro, quien visitó varias veces esa isla y realizó gestiones ante el Gobierno de la época, abogando por la conveniencia de realizar un acto de toma de posesión, para neutralizar los intereses que dejaban ver otros países. Esto tuvo lugar el 9 de septiembre de 1888, mediante un acuerdo con los jefes de esa isla, que anexó a la República de Chile el territorio insular.

 

El afianzamiento de las fronteras marítimas del país siguió desarrollándose en los años siguientes en el extremo austral, a través del permanente interés de Chile en la Antártica. El primer poblado antártico fue establecido a comienzos del siglo XX, en la Isla Decepción, por la empresa chilena Sociedad Ballenera de Magallanes, que también operó con sus barcos en las islas Shetland del Sur y en la Tierra de O'Higgins. Una acción destacada conducida en 1916 por el Piloto Luis Pardo Villalón, fue el rescate de los miembros de la expedición antártica de Sir Ernest Shackleton, atrapados en dicho continente.

 

Los límites actuales del Territorio Antártico Chileno fueron definidos en 1940, y siete años más tarde se inauguró la Base "Arturo Prat", la primera de nuestro país en la Antártica.


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Almirante Jorge Montt Álvarez.

Junto con sostener la continuación de las exploraciones y el apoyo al poblamiento, en los archipiélagos que se extienden desde Puerto Montt al sur, la Armada se abocó a hacer levantamientos hidrográficos, tarea en la que destacó el Contraalmirante Enrique Simpson, quien es considerado el padre de la hidrografía chilena.

 

Un hito importante en esta labor había sido la creación, el 1 de mayo de 1874, de la Oficina Hidrográfica de Chile, dirigida por el Capitán de Fragata Francisco Vidal Gormaz, que dio inicio a la confección y distribución sistemática de la cartografía náutica del país.

 

A contar de 1894, se desarrolló en la zona austral de Chile la construcción de una extensa red de faros, destinados a señalizar los principales pasos marítimos. Durante la presidencia del Almirante Jorge Montt Álvarez, el gobierno chileno contrató al ingeniero escocés George Slight, quien llegó a desempeñarse como Jefe de la Oficina de Faros, aportando desde este puesto sus valiosos conocimientos para llevar adelante tan importante tarea. Bajo su asesoría, la Armada impulsó la construcción de más de 70 faros, muchos de los cuales siguen operativos y ostentan la condición de Monumentos Históricos. En esta misma época se iniciaron los trabajos de construcción del Apostadero Naval de Talcahuano, principal base logística de la Armada hasta el día de hoy.


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El crucero "Esmeralda" (1896) fue uno de los buques más poderosos del mundo en su categoría.

Un lugar destacado en el proceso de renovación naval que vino después de la Guerra del Pacífico lo ocupa el acorazado "Capitán Prat". Éste se mandó a construir a Francia en 1887 y fue el primer buque de guerra en el mundo con torres de artillería movidas por motores eléctricos.

 

Un gran adelanto para su época fue también el cuarto buque con el nombre "Esmeralda", un crucero con casco de acero forrado en madera y cobre, cuya construcción se inició en 1895, incorporando los últimos adelantos tecnológicos del momento. Cuando fue puesto en servicio, el 4 de septiembre de 1896, se le consideró uno de los navíos más poderosos de su categoría en el mundo.

 

Al llegar el siglo XX, la Armada fue incorporando cada uno de los sucesivos adelantos que ofrecía el avance de la tecnología. Entre éstos destaca el de las telecomunicaciones inalámbricas, innovación que fue desarrollada en 1904 por un grupo de Oficiales chilenos, quienes lograron el primer enlace de este tipo entre los cruceros "Esmeralda" y "Errázuriz", distantes a casi 50 millas entre sí. Este logro se alcanzó sólo tres años después que Guillermo Marconi consiguiera una comunicación similar a través del Atlántico, dando fe del espíritu pionero de los forjadores de la Armada chilena.

 

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Hidroavión Fairey III a bordo del acorazado "Almirante Latorre".

El nacimiento de la especialidad de Aviación Naval está marcado por el primer curso de pilotos, que se dictó en abril de 1916 en la Escuela de Aeronáutica Militar, y que condujo a la graduación de los primeros tres especialistas de la Institución.

 

La Aviación Naval de Chile quedó conformada en 1919, con la incorporación de una decena de hidroaviones llegados desde Inglaterra de un total de cuarenta. Entre 1930 y 1953, esta especialidad pasó a formar una sola rama con la Fuerza Aérea de Chile, no obstante continuaron formándose algunos pilotos, pero en ese último año recobró su autonomía, incorporando todos los avances de la época, incluyendo los primeros helicópteros. De esta forma la Aviación Naval comenzó a tener un rol cada vez más significativo en las operaciones marítimas, tanto a bordo de las unidades como operando desde tierra.

 

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Submarino "Thomson", de la clase O (1930).

La creación de la Fuerza de Submarinos de la Armada de Chile data del 4 de julio de 1917, año en que aún se encontraba en desarrollo la Primera Guerra Mundial y era noticia de plena actualidad el impacto causado por esta letal arma en el océano Atlántico.

 

En esa fecha, se izó el pabellón nacional en las primeras seis unidades clase H, que dieron inicio al desarrollo de la especialidad. Esta flota fue reforzada en 1930 con tres unidades clase O, algunas de las cuales estuvieron en servicio hasta la década de 1950.

 

En 1961 y 1962 arribaron desde Estados Unidos dos submarinos clase Fleet, construidos en los años ´40. A pesar de su antigüedad, cumplieron dos décadas de servicio en la Armada. Una verdadera renovación tecnológica se produjo con la llegada de los dos submarinos de construcción británica clase Oberon, el "O'Brien" y el "Hyatt", en 1976 y 1977, respectivamente, que aportaron todos los adelantos propios de su época.


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Barcazas de desembarco LCVP con Infantes de Marina, desembarcando en Puerto Aldea (1976).

El Cuerpo de Infantería de Marina (IM) fue creado en 1818, como fuerza de apoyo a la Primera Escuadra Nacional. Entre sus primeras funciones, se estableció que sus integrantes debían tomar a su cargo el fuego de fusilería en los combates navales, junto con desempeñar el rol principal en abordajes y desembarcos.

 

La evolución posterior de la guerra en el mar hizo cada vez más impracticables los abordajes y el fuego de fusilería entre naves, por lo que su misión fue reorientada y pasó a concentrarse en operaciones anfibias y defensa de costa.

 

Durante la Guerra del Pacífico, el Cuerpo de Infantería de Marina tuvo destacada participación en distintas acciones navales, sobresaliendo entre ellas el desembarco de Pisagua, donde tomaron parte cerca de 9.000 hombres. Después de la guerra, y durante un largo tiempo, sus funciones estuvieron radicadas principalmente en la defensa de costa. En 1964, el Cuerpo IM fue completamente reorganizado, transformándose en una fuerza anfibia con un concepto más amplio y moderno, que ha seguido evolucionando según las necesidades de la Armada y el mundo.


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El crucero "O'Higgins" junto al petrolero "Almirante Montt" y el destructor "Orella" en la década del ´50.

Durante la década de 1930, la Gran Depresión y otros factores históricos hicieron que el poder naval de Chile se mostrara en uno de sus niveles más bajos. Esta situación cambió con el término de la Segunda Guerra Mundial gracias a la gran disponibilidad de unidades que se produjo al finalizar ese conflicto.

 

Un factor que también contribuyó a la renovación de la flota fue la "Ley de Cruceros", de 1938, destinada a favorecer la adquisición de grandes unidades. Al amparo de esta norma, en 1952, llegaron a Chile desde Estados Unidos dos cruceros clase Brooklyn, bautizados como "Prat" y "O'Higgins". Estos buques de aproximadamente 12.000 toneladas, introdujeron importantes adelantos tecnológicos dando paso a una época de mayor influencia de dicho país en la Armada.

 

Más adelante, entre 1960 y 1962, la Armada recibió los destructores "Williams" y "Riveros", dos buques británicos construidos específicamente para las necesidades de la Institución, que incorporaron los primeros misiles (Sea Cat), incorporándose también en esa época, los destructores clase Fletcher desde los Estados Unidos.

 

En 1966 arribaron cuatro lanchas torpederas construidas en España, que prestaron destacado servicio en el extremo austral de Chile. En ese período, los Astilleros y Maestranzas de la Armada (Asmar) inició la construcción naval, entregando la primera unidad a la Institución, la Barcaza "Elicura", en 1968.

 

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La Escuadra en 1979, tenía tres cruceros que encabezaban la flota.

En los años siguientes se recibieron desde Suecia el crucero "Almirante Latorre" y desde los Estados Unidos, destructores y barcazas con capacidad para transportar tropas de Infantería de Marina. De esta misma época datan las fragatas "Almirante Condell" y "Almirante Lynch", construídas en el Reino Unido, que incorporaron los primeros misiles de superficie (Exocet).

 

A contar de 1979 se produjo la incoporación de lanchas misileras, que prestan servicios en ambas zonas extremas del país. La adquisición de los destructores clase County, así como de los submarinos U-209, iniciada en la década de 1980, representó un gran salto tecnológico debido a sus complejos sistemas de mando y control, de armas y de propulsión.

 

Desde la década de 1970 en adelante, la tecnología desarrollada en Chile tuvo un importante papel en la modernización y potenciación del material adquirido en el exterior, tanto en el caso de unidades de superficie como aéreas o submarinas.

 

Una participación especial tuvo en este proceso Asmar, empresa que ejecutó la transformación de destructores clase County en portahelicópteros e instaló nuevos sistemas de armas, mando y control en todas las unidades, además de otros adelantos. También continuó la construcción de unidades de apoyo, como las tres barcazas clase Batral y el buque de transporte "Aquiles".


Los desafíos que en distintos ámbitos ha impuesto a la Armada la llegada del siglo XXI, han obligado a desarrollar procesos de renovación tendientes a equipar a estas fuerzas con material moderno, en reemplazo del que ya ha cumplido con su periodo de vida útil.

 

En este marco se inscribe el reemplazo de unidades de la Escuadra Nacional, de la Fuerza de Submarinos, la Aviación Naval y el Servicio del Litoral, con unidades que han incrementado la capacidad de patrullaje y control de las aguas jurisdiccionales. También se ha modernizado el equipamiento del Cuerpo de Infantería de Marina y del Comando de Fuerzas Especiales, todo lo cual permite una adecuada interoperatividad con otras instituciones, de manera acorde con las necesidades del actual mundo globalizado.

 

Se renovó la flota de superficie a contar del 2003, año en que fue incorporada una fragata de origen británico tipo 22, que fue seguida por cuatro unidades holandesas, dos clase M y dos clase L; y tres fragatas tipo 23 adquiridas también a Gran Bretaña.

 

Luego vinieron los OPV "Piloto Pardo" y "Comandante Toro", buques capacitados para operar a lo largo de todo el litoral, cumpliendo labores de vigilancia y control de la zona marítima jurisdiccional, búsqueda y rescate en la zona marítima de responsabilidad nacional, control y combate de la contaminación acuática, apoyo al mantenimiento de la señalización marítima, apoyo logístico a zonas aisladas, protección de las actividades pesqueras y actividades de apoyo y entrenamiento, entre otras.

 

En el 2012 se realiza la recepción oficial del LSDH 91 "Sargento Aldea", buque que cuenta con capacidades para desempeñarse como buque-hospital y evacuación de personas a gran escala en caso de catástrofes, por lo que puede cumplir, entre otras, importantes tareas de apoyo humanitario.

 

El año 2013 se incorporó el buque de investigación AGS-61 "Cabo de Hornos" que cuenta con la más moderna tecnología permitiendo estudios pesqueros, oceanográficos, hidrográficos y de recuperación, mantención y fondeo de boyas oceanográficas y meteorológicas. Además, posee la capacidad de localizar objetos sumergidos, entre otras cosas.


El "Cabo de Hornos" fue construido por los Astilleros de ASMAR (Talcahuano) en el marco del proyecto "Medusa", para reemplazar al AGOR "Vidal Gormáz", con el objeto de mantener las capacidades de investigación científica marina a bordo de una unidad de la Armada, de forma de poder contribuir al desarrollo y fomento de estas actividades en el país.